Durante la última década, la violencia homicida en México se ha materializado en los más de 300,0001 homicidios que al día de hoy se contabilizan en nuestro país. A nivel nacional, esto ha representado un promedio de 27,945 asesinatos por año y una tasa anual promedio de 27 homicidios por cada 100 mil habitantes, destacando el hecho de que, en 2020, México alcanzó la tercera tasa de homicidio más alta de Latinoamérica, tan solo detrás de Jamaica y Honduras.

La prevalencia de este tipo de violencia —acompañada por la falta de respuestas gubernamentales efectivas— ha llevado a distintas organizaciones civiles, activistas, investigadoras e investigadores a estudiar y visibilizar este fenómeno de manera independiente, con el fin de exigir justicia e intervenir en la creación e implementación de mejores mecanismos de prevención.

Dicha labor ha requerido del acceso a bases de datos públicas que posibiliten el estudio de los patrones de la violencia homicida así como las características de las víctimas afectadas y los medios de agresión empleados en su contra. Esta información ha contribuido a dimensionar la diversidad existente en los casos de homicidio ocurridos en México advirtiendo que —lejos de reducirse a un solo perfil o limitarse a las periferias del crimen organizado— este fenómeno afecta a distintos grupos de personas y que, además, no siempre es ejercida con las mismas particularidades entre unos y otros.

La documentación de casos ha permitido evidenciar que la violencia homicida en nuestro país opera a través de patrones de victimización diferenciados en donde no todas las personas enfrentan el mismo tipo de agresiones ni el mismo tipo de perpetradores. Se trata de patrones ante los cuales las víctimas de esta violencia tampoco presentan los mismos factores de vulnerabilidad ni cuentan con los mismos medios institucionales o redes de apoyo.

 

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