En este artículo, escrito para y publicado por el blog de Intersecta en Animal Político, Estefanía Vela llama la atención al hecho de que seis de cada diez mujeres asesinadas en México, ya lo son con un arma de fuego.

 

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Es un día diseñado para promover la reflexión sobre la violencia que afecta a las mujeres y las medidas que se requieren para enfrentarla.

Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) liberó los datos sobre los homicidios que ocurrieron en México en el 2018. Estos confirman lo que ya ha sido ampliamente reportado: que el 2018 ha sido el año con la tasa más alta de homicidios1 de las últimas cuatro décadas en el país. Solo en este año, aproximadamente 30,030 hombres y 3,481 mujeres fueron privadas de sus vidas en el territorio nacional.2

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Lo que los datos también vuelven a poner de manifiesto es la centralidad que han adquirido las armas de fuego en los homicidios del país —no solo en los de los hombres, sino en los de las mujeres también—.

En el 2018, ya 6 de cada 10 mujeres asesinadas lo fueron con un arma de fuego. En promedio, estamos hablando de 5 mujeres al día privadas de sus vidas a balazos. La tendencia identificada en el informe Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México, con datos hasta el 2017, no solo se confirma en el 2018: se agudiza. Si bien las armas siguen impactando desproporcionadamente a los hombres, justo lo que llama la atención del 2018 es que es el año con la menor diferencia entre lo que representan las armas en los homicidios de los hombres y de las mujeres.

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Por eso, como cada vez se insiste más, si queremos reducir la violencia en el país —incluida la que afecta desproporcionadamente a las mujeres—, es urgente hablar de la violencia armada y del control de armas.

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La prominencia de los homicidios con arma de fuego no es exactamente “nueva”, como se sostiene en el informe Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México de Data Cívica y el Área de Derechos Sexuales y Reproductivos, mismo que proporciona un análisis de los Registros de Defunciones por Homicidio del INEGI para los años que van del 2000 al 2017.

Ya en el 2000, los homicidios con arma de fuego representaban más del 50% de los homicidios de los hombres y casi el 30% de los de las mujeres. Pero con el paso de los años y, particularmente a partir del 2007, este es el modo de homicidio que más ha aumentado, no solo en hombres (de nuevo), sino en mujeres también.

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Si se compara el crecimiento que han tenido las tres formas de homicidio más comunes en el país —arma de fuego, arma blanca (cuchillos, objetos contundentes) y la asfixia—, puede verse que el crecimiento más marcado lo tiene la primera. En el caso de los hombres, la tasa de homicidios por arma de fuego creció 311% entre el 2007 y el 2018, tiempo en el que pasó de ser de 8.7 por cada 100,000 a 35.8 por cada 100,000. Y, en el caso de las mujeres, pasó de ser 0.7 por cada 100,000 a 3.2. En proporción, en este mismo periodo, creció 357% —aún más que la de los hombres—.3

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Cuando se analizan los homicidios por lugar de ocurrencia, queda claro que el impacto de la violencia armada ha sido principalmente en la calle. La tasa de homicidio con arma de fuego en el espacio público para los hombres aumentó 347% entre el 2007 y el 2018. En el caso de las mujeres, aumentó 500%. Quinientos por ciento. Seis veces más.

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Lo que tampoco debe dejarse de señalar, sin embargo, es que, justo en los años picos de la violencia (2011 o 2018, por ejemplo), también se puede ver un aumento de los homicidios con arma de fuego en las viviendas. No es, en otras palabras, un fenómeno que se limita a la calle, sino que alcanza a los hogares también.

Para dimensionarlo: en el 2018, si bien 7 de cada 10 homicidios cometidos en la calle contra mujeres fueron perpetrados con un arma de fuego, 4.5 de cada 10 de los cometidos en la casa fueron perpetrados con un arma de fuego. ¿Qué implica esto? Entre otras cosas, que no se puede abordar la violencia familiar —una violencia que afecta desproporcionadamente a las mujeres, como muestra la ENVIPE— sin considerar el papel que pueden jugar las armas en su escalada.

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También es importante reiterar que es una violencia que está afectando a todos los grupos de edad. Incluso tratándose de los niños y niñas —menores de 11 años—, en el 2018 ya fue el medio más empleado para quitarles la vida. Solo en este año, de las niñas asesinadas, casi 3 de cada 10 lo fueron con un arma de fuego. En mujeres que tienen entre 28 y 43 años, los homicidios con armas representan entre el 63.8% y 65.3%.

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Cuando los datos se desagregan por tasa y entidad, queda claro que los homicidios con arma de fuego han aumentado más en ciertas entidades que en otras y, en ciertos años, más que otros. Chihuahua en el 2011 sigue mostrando las tasas más altas. En los últimos años, Colima, Guanajuato, Guerrero, Baja California y Baja California Sur son particularmente preocupantes.

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Pero cuando se analiza la proporción que representan los homicidios con arma de fuego respecto del total, a nivel entidad, los que sobresalen son, más bien, los pocos estados en los que no representan la mayoría —estados como Aguascalientes, Campeche, Quintana Roo, Tlaxcala, Yucatán—.

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Si solo nos enfocamos en el 2018, puede verse de manera clara: en 21 de las 32 entidades federativas, los homicidios de mujeres con arma de fuego representan el 50% o más del total de homicidios. El más sobresaliente es Guanajuato, en donde 8 de cada 10 mujeres fueron asesinadas con este medio. En Zacatecas, Sinaloa y Colima, fueron 7 de cada 10. En la Ciudad de México, 6 de cada 10 fueron asesinadas así.

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Más aún: cuando se compara la tasa total de homicidios con la tasa de homicidios con arma de fuego puede verse que son fenómenos íntimamente relacionados en casi todos los estados: sus subidas y bajadas son casi espejos. La crisis de violencia que hemos visto en estos años, en otras palabras, no puede desasociarse de la violencia armada.

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Como se sabe, la base del INEGI no permite detectar cuántos de estos homicidios son feminicidios, jurídicamente hablando. Lo que los datos sugierensin embargo, es que esa es una relación —la de las armas de fuego y los feminicidios— que se tiene que analizar, entender y atender. De nuevo: todo indica que, en nuestro país, no podemos ya separar la violencia —de género y no— de las armas.

Ahora y como revela un análisis del Mapa de los feminicidios en México, de María Salguero, mismo que está basado en notas periodísticas de casos de feminicidio, existe una variedad importante de escenarios y motivos por los cuales las mujeres están siendo baleadas en el país. No es solo la violencia ejercida, por ejemplo, por la pareja. Hay tiroteos en público, balaceras a casas. Las mujeres van solas o acompañadas. A veces parecen ser el objetivo, en otras ocasiones simplemente estaban ahí. Hay mucho qué dilucidar —la violencia, incluida la machista, es multifactorial—. Lo que queda claro, incluso al leer sobre estos casos, es que una de las líneas que se tiene que perseguir es, de nuevo, la de las armas. No podemos demorar más.

 

 

 

1 A lo largo del texto se habla de “homicidios” y no “feminicidios” porque, con base en los Registros de Defunciones por Homicidio del INEGI, es imposible saber cuántos de estos homicidios son feminicidios, penalmente hablando. Muchos de estos homicidios podrían ser feminicidios, pero no hay forma, con esta fuente, de saberlo. No se utilizan los datos sobre víctimas y carpetas de “feminicidio” del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública porque estos tampoco proporcionan información que permita saber si son o no feminicidios; solo proporciona información sobre los casos que las procuradurías y fiscalías clasifican como feminicidio (una clasificación con sus propios problemas, como revela Carolina Torreblanca); y, además, esta base solo contiene información del 2015 en adelante y sin el grado de detalle que tiene la base del INEGI.

2 Se utiliza la categoría de “entidad de ocurrencia”, no la de “entidad de registro”; y se han omitido las defunciones ocurridas fuera del país y en entidades federativas no identificadas. También se ha utilizado “año de ocurrencia”, no “año de registro”. Por esta razón, los números aquí presentados difieren, por ejemplo, de los que aparecen en los tabulados del INEGI, que muestran que, en el 2018, se registraron a 32,765 hombres y 3,752 mujeres asesinados. De estos datos se deriva la cifra de que en México ya matan a 10 mujeres al día.

3 Por cuestión de espacio, no he incluido todas las gráficas de la violencia armada en los hombres. Pero las tendencias son muy similares a las de las mujeres (a mayor escala, obviamente). Si se quieren ver estas gráficas, para los años 2000-2017, pueden encontrarse en el informe Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México.