En este artículo, que realizaron Estefanía Vela, de Intersecta, y Georgina Jiménez, de Data Cívica, para el blog de Intersecta en Animal Político, analizan la violencia en los enfrentamientos en los que participaron elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional entre el 2007 y el 2019. 

Hace unas semanas, el periódico El Universal liberó un video que muestra parte de un enfrentamiento en el que estuvieron involucrados elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) en Nuevo Laredo, Tamaulipas, el pasado 3 de julio. El video muestra cómo un grupo de militares, en varios vehículos, rodea a una camioneta gris que, después de estar huyendo de ellos, finalmente permanece inerme a lado de la carretera. Siguen disparándole, a pesar de que uno de los soldados grita que se detengan. Después de decenas —por no decir cientos— de balazos más, unos soldados se acercan a inspeccionar el vehículo. Es posible escuchar a soldados gritar que había alguien vivo, a lo que otro de ellos responde: “mátalo a la verga”.

Sí: ya se anunció que se investigarán a los soldados. Lo que nos preocupa, sin embargo, es que no es un problema aislado, sino sistémico. A través de la Plataforma Nacional de Transparencia, conseguimos datos sobre los enfrentamientos en los que la SEDENA ha participado desde el 2007 y hasta el término del 2019, ya con el Presidente Andrés Manuel López Obrador en el poder. Los datos muestran que eventos como el de Nuevo Laredo —en el que todo indica hay un abuso de la fuerza— no son la excepción. Además de ello, revelan que, ya con López Obrador a la cabeza, los sucesos así de violentos van en ascenso. Aunque el Presidente insista que en su mandato “se respetan los derechos humanos”, los mismos datos de la SEDENA ponen en entredicho esta idea. Su violencia en los enfrentamientos, tal parece, no es cosa del pasado: es una amenaza presente, alcanzando o incluso rebasando la vista en años de Calderón.

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Desde que Felipe Calderón decidió “combatir frontalmente al narcotráfico” utilizando a las Fuerzas Armadas, las violaciones a los derechos humanos en el país comenzaron a incrementar. Distintas personas y organizaciones han documentado, con el paso de los años, la variedad de violencias que ejercen los soldados y marinos, incluidas las detenciones arbitrarias, la tortura, las desapariciones forzadas, las violaciones y las ejecuciones extrajudiciales. Dentro de los problemas específicos sobre los cuales han llamado una y otra vez atención está el del abuso de la fuerza con el que los militares operan.

En el 2011, por primera vez, Catalina Pérez Correa, Carlos Silva Forné y Rodrigo Gutiérrez Riva publicaron un artículo sobre el “uso de la fuerza letal” por parte de las fuerzas federales (la Policía Federal, la Secretaría de Marina y la SEDENA).1 Su trabajo parte de reconocer un hecho innegable: jurídicamente, puede ser legítimo que las fuerzas de seguridad utilicen la fuerza, incluida la fuerza letal; en concreto: “puede ser legítimo y legal quitarle la vida a otra persona”.2 Las Fuerzas Armadas una y otra vez han justificado sus intervenciones diciendo, explícitamente, que simplemente “repelen agresiones”. Que todo lo que hacen, lo hacen en defensa propia. Justo el trabajo de Pérez Correa y sus colegas ha consistido en utilizar indicadores que permiten detectar cuándo estamos frente a un uso legítimo de la fuerza y cuándo, por el contrario, estamos frente a un posible abuso.

Para ello, se enfocaron en los enfrentamientos en los que se habían visto involucrados elementos de las fuerzas federales. En estos sucesos puede haber civiles fallecidos, heridos y detenidos. También puede haber, por supuesto, elementos de seguridad heridos y fallecidos. Como dicen Pérez Correa, Silva Forné y Gutiérrez Riva: muchas veces “se producen muertos y heridos de ambos bandos”. La pregunta que se hacen es cómo es la relación entre unos y otros. Las fuerzas de seguridad, en los enfrentamientos, ¿matan más que lo que detienen? ¿Matan más de lo que lastiman? ¿Hay casi el mismo número de soldados fallecidos que de civiles fallecidos? Si empezamos a ver desproporciones enormes —por ejemplo, si el número de civiles fallecidos excede en mucho al número de civiles heridos; o si el número de civiles fallecidos sobrepasa al de los militares fallecidos— esto, en sus palabras, “indica un posible abuso de la fuerza”.

En este artículo, nos inspiramos en el trabajo de Pérez Correa, Silva Forné y Gutiérrez Riva para analizar específicamente los enfrentamientos en los que elementos de la SEDENA se han visto involucrados desde el 1 de enero de 2007 y hasta el 31 de diciembre de 2019.3 Los datos sobre los enfrentamientos están basados, de nuevo, en información que la misma SEDENA ha proporcionado en respuesta a una solicitud de acceso a la información pública.

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Antes de comenzar, no queremos dejar de mencionar el problema de la confiabilidad de los datos de la SEDENA.

Para empezar: es importante reconocer que los datos aquí presentados son producto de un cambio en la política de transparencia de la misma SEDENA. Por años SEDENA hacía públicos datos sobre sus enfrentamientos, incluyendo información sobre militares y civiles lastimados en ellos, pero a partir del 2014, dejó de hacerlo. Aunque se le pedía la información —incluso aunque el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales le ordenó publicarla—, negaba tenerla. A finales del año pasado, sin embargo, algo cambió y comenzó a hacerlos públicos otra vez, tanto a través de sus respuestas a solicitudes de acceso a la información pública, como en su propia página de Internet.

El problema, sin embargo, es que sus propios datos no siempre coinciden. Por poner el ejemplo más obvio: en su página web, afirma que entre el 2007 y el 2019 estuvo involucrada en 4,735 enfrentamientos, mientras que en la base de datos que aquí utilizamos, aparecen 4,737. En línea, reconoce 4,807 civiles fallecidos en estos enfrentamientos, mientras que, en la base, aparecen 4,809. Como otras personas han señalado, tampoco coinciden sus datos con los publicados en la Base CIDE-PPD, fuente que está basada en la Base de “fallecimientos ocurridos por presunta rivalidad delincuencial”, en cuya creación y retroalimentación la misma SEDENA participó.

El problema se exacerba con el hecho de que verificar de forma independiente los sucesos, a través de fuentes periodísticas, por ejemplo, no siempre es posible. Pérez Correa y Silva Forné estiman que los medios reportan apenas entre el 30 y 50% de los enfrentamientos en los que se ven involucradas las fuerzas de seguridad. Estamos a merced de lo que las autoridades nos quieran informar y lo que nos informan presenta discrepancias. Nos parece importante reconocerlo y unirnos a la exigencia de que se fiscalicen adecuadamente a las Fuerzas Armadas —a las fuerzas públicas, en general—, particularmente cuando en su trabajo se ven envueltas en eventos violentos, como es el caso de los enfrentamientos.

Con todo y la discrepancia que existe en los datos de la SEDENA, utilizaremos a continuación los que se derivan de la base de datos que proporcionó en respuesta a una solicitud de acceso a la información pública que puede consultarse en Infomex, con el folio número 0000700201920. ¿Qué muestran estos datos?

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Empecemos por lo básico: ¿en cuántos enfrentamientos se han visto involucrados elementos de la SEDENA? Entre el 1 de enero de 2007 y hasta el 31 de diciembre de 2019, se vieron involucrados en 4,737 enfrentamientos en total. Si bien han tenido enfrentamientos en 31 de las 32 entidades federativas —la única excepción, según estos datos, es Yucatán—, los enfrentamientos tienden a concentrarse en ciertas entidades, más que otras. Por mucho, Tamaulipas es el estado en el que más enfrentamientos han tenido (2,166, lo que representa el 45.73% del total). Le siguen Nuevo León (el 8.80%), Guerrero (6.76%), Michoacán (6.10%) y Sinaloa (5.09%).

El número de enfrentamientos, sin embargo, sí ha variado por años. Podemos ver que, entre el 2007 y hasta el 2011, los enfrentamientos crecieron año tras año. El pico es el 2011 en el que se registraron 1,009 en total. Desde entonces se registró, año tras año, un descenso, alcanzando el punto más bajo en el 2016, con 172 enfrentamientos. Repuntan otra vez en el 2017 para luego decrecer en 2018 y otra vez en 2019. Es importante notar que, con todo y los descensos, los enfrentamientos nunca han cesado y nunca han llegado a los niveles del inicio de la guerra que declaró Calderón.

Más allá del número de enfrentamientos, ¿cómo son en términos de violencia? La información que proporcionó la SEDENA muestra, para cada enfrentamiento, cuál fue el saldo de civiles fallecidos, heridos y detenidos; y cuál fue el saldo de militares fallecidos y heridos. A continuación, presentamos nuestro análisis sobre la relación entre cada uno de estos indicadores. Como podrá verse, en la mayoría de los enfrentamientos de la SEDENA, son los civiles los que casi siempre terminan perdiendo.

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Empecemos con los agregados: para todos los enfrentamientos de la SEDENA que ocurrieron entre 2007 y 2019, hay un total de 3,998 civiles detenidos, 4,809 civiles fallecidos y 697 civiles heridos. Del lado de los militares, hay 1,661 heridos y 284 fallecidos.

Con estos números, podemos sacar algunas de las relaciones básicas. Por ejemplo: podemos afirmar que, por cada civil detenido en los enfrentamientos de la SEDENA, en promedio fallecieron 1.2 civiles. Por cada civil herido en los enfrentamientos de la SEDENA, fallecieron 6.9 civiles. Por cada militar fallecido en los enfrentamientos de la SEDENA, fallecieron 16.9 civiles. ¿Qué nos dice esto? Que en los enfrentamientos, en promedio, mueren más civiles de los que son detenidos. Mueren más civiles de los que son lastimados. Y mueren muchos, muchos más civiles que militares. De nuevo y para enfatizarlo: en promedio, por cada 17 civiles que mueren en los enfrentamientos, apenas hay un solo soldado muerto. La desproporción es inmensa.

De hecho, si analizamos evento por evento, para ver la combinación entre las cinco categorías —esto es, si en cada enfrentamiento hubo civiles detenidos, heridos y fallecidos y militares heridos y fallecidos—, podemos ver que en 1 de cada 4 enfrentamientos el saldo fue de puros civiles fallecidos. O sea, no hubo ni un militar herido, ni muerto; no hubo ni un solo civil herido o detenido. Solo hubo civiles muertos. ¿Los eventos con solo militares muertos? Apenas ascienden al 0.68% del total. 25% contra 0.68%. La desproporción es brutal. Nos han dicho frecuentemente, para justificar la militarización, que los criminales a combatir son increíblemente poderosos y que nadie puede enfrentarlos mejor que la milicia, pero en los datos de enfrentamientos de SEDENA no encontramos ningún indicio de ese tipo de delincuencia organizada y, en cambio, muchos de las Fuerzas Armadas cometiendo abusos de poder.

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Ahora: ¿cómo han cambiado los indicadores en el tiempo?

Empecemos por el índice de letalidad, que mide la razón de civiles muertos por cada civil herido en los enfrentamientos. Lo hemos calculado sacando el número de civiles muertos para cada año, dividido entre el número de civiles heridos cada año. ¿Qué es lo que vemos al analizar cada uno de los años? Que cada año, sin excepción, en promedio, hubo más civiles fallecidos que heridos en los enfrentamientos de la SEDENA. Si la SEDENA te lastima, es mucho más común que la herida sea fatal a que no lo sea.

Cuando se analiza la tendencia año por año, puede verse que el índice de letalidad creció entre el 2007 y 2011. Empezó con una tasa de 1.6 civiles fallecidos por cada civil herido, en el 2007, y culminó con una tasa de 14.8 civiles fallecidos, por cada civil herido, en el 2011. El 2011 es, sin duda, el más violento en este sentido. Desde entonces, sin embargo, vemos un descenso, que alcanza su punto más bajo en el 2016, en el que la tasa fue de 2.7 civiles fallecidos por cada herido. Sube en 2017, sube en 2018 y vuelve a subir en 2019, ya con López Obrador como Presidente. En 2019 la tasa fue de 6.4 civiles fallecidos por cada civil herido en los enfrentamientos de la SEDENA.

 

¿Cómo ha cambiado la tasa de civiles fallecidos por cada civil detenido? En este caso, es posible ver que, en varios años, el resultado era menor a 1. En otras palabras: sí hubo años en los que había más civiles detenidos que fallecidos en los enfrentamientos de la SEDENA. En 2010, la razón era 1 a 1; sube a 1.4 en el 2011 y alcanza su punto más alto en el 2012, con Calderón otra vez, en donde la tasa fue de 1.9 civiles fallecidos por cada detenido. Comienza, nuevamente, un descenso durante los años de Enrique Peña Nieto, alcanzando el punto más bajo en 2017. En 2018 vuelve a subir y en 2019 escala una vez más, cerrando el año con una tasa de 1.4 civiles fallecidos por cada detenido en los enfrentamientos de la SEDENA. O sea: en el primer año de gobierno de López Obrador, fueron más los civiles fallecidos que detenidos en los enfrentamientos de la SEDENA.

 

¿Cómo ha cambiado la tasa de civiles fallecidos por cada militar fallecido en los enfrentamientos? Para cada uno de los años, siempre mueren más civiles que militares en los enfrentamientos. Hay, de cualquier manera, variaciones importantes entre los años. La tasa crece de 1.6 en el 2007 —el año con la tasa más baja— a 32.4 en el 2011 —el año con la tasa más alta—. Siempre, como podemos ver, la disparidad en saldos de enfrentamientos de la SEDENA alcanza su punto máximo con Calderón. Luego vemos un descenso en 2012 y hasta 2015. En 2016 aumenta cada año, incluido 2019, en el que la tasa cierra con 17.9 civiles fallecidos por cada militar fallecido durante el mandato de López Obrador. Es casi de 18 a 1.

Otro indicador que podemos extraer de los datos es la distribución porcentual del total de civiles y militares heridos y fallecidos para cada año. En otras palabras: del total de personas que fallecieron y fueron lastimadas en los enfrentamientos, ¿cómo es la distribución entre civiles y militares? Así, se puede apreciar que, para cada año, el saldo de civiles —heridos y fallecidos— siempre es mayor al de militares —heridos y fallecidos—, sin excepción. Los civiles siempre representan más del 50% de las personas lastimadas en los enfrentamientos. Más aún: para nueve de los trece años, solo el porcentaje de civiles fallecidos es mayor al 50%. Si vemos específicamente la proporción de civiles fallecidos —del total de personas heridas y fallecidas— veremos que sigue la tendencia identificada previamente: aumenta año con año, teniendo su pico más alto en el 2011 —en donde representaron el 71.2% de las personas fallecidas y heridas—, desciende por unos años, hasta que vuelve a repuntar, representando casi al 61% de las personas heridas y fallecidas en el 2019. Esto también nos permite identificar otra tendencia: por supuesto que hay afectaciones del lado de los militares; pero en su caso, es mucho más común salir heridos, que fallecidos de los enfrentamientos, mientras que para los civiles, es al revés.

 

Si nos enfocamos solo en personas fallecidas, y vemos su distribución según si eran civiles o militares, veremos que desde 2008 al menos el 87% de las personas asesinadas en los enfrentamientos han sido civiles. En 2019, representaron el 94.7% de quienes murieron en enfrentamientos. Resulta difícil sostener que los civiles con los que combate SEDENA son sumamente poderosos y agresivos cuando los datos indican sistemáticamente que son el bando que ha estado perdiendo esa “batalla”.

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Como mostramos en las gráficas anteriores, los peores años de violencia militar en México fueron de 2009 a 2013, en su mayoría años del sexenio de Felipe Calderón. En esta sección, sacamos los mismos indicadores, solo que por sexenio.4 Sabemos que estamos midiendo solo un año del gobierno de López Obrador, pero nos parece, de cualquier manera, una comparación válida, dado que estamos viendo proporciones. Vistos así los enfrentamientos, ¿qué muestran los datos?

Si analizamos evento por evento, viendo el saldo de militares y civiles fallecidos, heridos y detenidos, el sexenio de Calderón es el único en el que el resultado más común es uno en el que solo hay civiles muertos; estos eventos representaron el 28.46%, en su caso. En el caso del sexenio de Peña Nieto y López Obrador, este es el segundo tipo de evento más común. En lo que va del sexenio de López obrador, 1 de cada 5 enfrentamientos en los que se ve involucrada la SEDENA acaba solo con civiles fallecidos, sin ningún herido o detenido, y sin ningún militar herido o detenido. Aunque este tipo de eventos sea menor que con Calderón y con Peña Nieto, su proporción sigue siendo preocupante.

Si analizamos el índice de letalidad, sin embargo, podemos ver que en lo que va del sexenio de López Obrador la tasa de civiles fallecidos por cada herido es mayor a la de Peña Nieto. Con López Obrador fue de 6.1 civiles fallecidos por cada herido en los enfrentamientos, mientras que con Peña Nieto fue de 5.3.

Si analizamos cuántos civiles murieron por cada militar en los enfrentamientos ocurridos en cada sexenio, veremos que esa razón aumentó de nuevo con el sexenio de López Obrador; pasó de 12.7 con Enrique Peña Nieto a 18.2 con AMLO. De hecho, es mayor la diferencia entre Peña Nieto y López Obrador, que entre López Obrador y Calderón.

Finalmente, si se analiza la tasa entre civiles fallecidos por cada civil detenido, con López Obrador, es de 1.5 a 1, mientras que con Calderón era de 1.2 a 1. En este último indicador, la razón en los enfrentamientos del sexenio de AMLO ha incluso superado a la de su antecesor Felipe Calderón. En otras palabras: en lo que va del sexenio de López Obrador, en los enfrentamientos, mueren más civiles que los que son detenidos, en comparación con Calderón.

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Como sabemos: el Presidente Andrés Manuel López Obrador, durante sus campañas, prometió regresar a los militares a sus cuarteles, reconociendo que no están hechos para las funciones que se les han asignado. Una vez que llegó al poder, sin embargo, esto no solo cambió, sino que hemos visto cómo el poder de los militares se expande, incluso más allá del terreno de la seguridad pública. Ante el reclamo por el riesgo que esto representa, se han esgrimido, constantemente, al menos dos ideas. La primera es que las capacitaciones en “derechos humanos” son clave para reducir las violaciones a los derechos humanos (el General Cresencio Sandoval, cabeza de la SEDENA, insistió en que les han ayudado a reducir la violencia). Y la segunda es que la cabeza del Ejecutivo Federal —el Presidente— importa. Si el titular del Ejecutivo Federal es honesto y ordena que no se violen los derechos humanos, eso tendrá un efecto importante en el comportamiento de los soldados y marinos.

Los datos que hemos mostrado, sin embargo, sugieren que ninguna de estas dos condiciones parece ser suficiente. Con todo y los cursos de derechos humanos que las Fuerzas Armadas presumen y con todo y Andrés Manuel López Obrador a la cabeza, distintos indicadores sobre el abuso de la fuerza en los enfrentamientos de la SEDENA, van al alza. También muestran que, con todo y los descensos que se registraron en varios años, la SEDENA casi siempre están por encima de la línea que separa el uso legítimo de la fuerza, del abuso.

Sin duda, y como varias personas han señalado ya, parte del problema estriba en la mala regulación que tenemos sobre el uso de la fuerza. Si bien el año pasado el Congreso expidió la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza, la misma Comisión Nacional de los Derechos Humanos la impugnó, arguyendo que violaba la Constitución porque omitía regular principios y obligaciones básicas en la materia. Si a ello se suma el hecho de que el Acuerdo presidencial, aprobado el pasado 11 de mayo, en el que se faculta formalmente a las Fuerzas Armadas a intervenir en labores de seguridad pública, parece que incumple con las condiciones constitucionales básicas que deben regir su actuación, queda claro que las razones para preocuparnos —y ocuparnos— son múltiples.

La persistencia de patrones que sugieren un abuso de la fuerza, sin embargo, quizá apunta a algo más. Quizá el problema de fondo es que insistimos en negar lo que al final las Fuerzas Armadas son: instituciones para la guerra y no para la paz.

 


* Estefanía Vela Barba (@samnbk) trabaja en Intersecta y Georgina Jiménez (@GinaRivers90) trabaja en Data Cívica.

Nota metodológica

Todos los guiones para replicar este análisis se encuentran en esta carpeta.