En este texto que escribieron Adriana Ortega, Nicole Huete y Estefanía Vela para el blog de Intersecta en Animal Político, analizan los datos existentes sobre la violencia contra las mujeres en el contexto de la pandemia.

En la conferencia matutina del 6 de mayo, una reportera le preguntó al presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el aumento en el número de llamadas relacionadas con la violencia contra las mujeres durante el confinamiento.1 Quería saber cómo estaba evaluando el gobierno este problema. El presidente le respondió que “no han advertido un incremento” en las denuncias. La reportera insistió, a lo que el presidente replicó que si bien “se partía del supuesto de que si se estaba más tiempo en las casas (…) podía darse más violencia familiar(,) esto no necesariamente está sucediendo porque no se puede medir con los mismos parámetros a todo el mundo”. “En México”, dijo, “tenemos una cultura de mucha fraternidad en la familia”. La reportera agregó que la familia es “también machista”. “Sí existe el machismo”, reviró el presidente, “pero también existe mucha fraternidad familiar. La familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto, o sea, son de las cosas buenas que tenemos”.

Muchas de las ideas expresadas por el presidente son francamente preocupantes. A continuación, argumentamos por qué.

1) Sí hubo un aumento en los pedidos de auxilio en marzo

Lo primero que nos preocupa es la idea de que no han “advertido” un aumento en las denuncias. Actualmente, la ciudadanía cuenta con dos fuentes que permiten analizar si las personas recurren o no al Estado en busca de ayuda por casos relacionados con violencia familiar y con violencia contra la mujer. En concreto, está la información sobre las llamadas hechas al 911 y la referente a las carpetas de investigación abiertas por las fiscalías estatales del país —que son quienes lidian con el delito de “violencia familiar” —. Los últimos datos llegan hasta el 31 de marzo y son claros: sí hubo un aumento tanto en las llamadas al 911 relacionadas con la violencia contra la mujer, como en el número de carpetas abiertas en las fiscalías por el delito de “violencia familiar”.

Empezamos con las llamadas. Hace unos días, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) liberó el reporte mensual de llamadas al 911 relacionadas con la violencia contra las mujeres.2 El Reporte incluye seis distintas categorías de llamadas: aquellas relacionadas con “violencia contra la mujer”, “abuso sexual”, “acoso u hostigamiento sexual”, “violación”, “violencia de pareja” y “violencia familiar”. Si se juntan, solo en marzo de 2020, el SESNSP registró 115,614 llamadas. Son, en promedio, 155 por hora. Y son 21,096 llamadas más que en febrero (un aumento del 22% en la tasa) y 25,733 más que en enero de este año (un aumento del 28%). Si se comparan las cifras para cada marzo desde 2015, este último3 es el que tiene el mayor número de llamadas al 911. Las llamadas aumentaron. Los pedidos de auxilio incrementaron. Y de las seis categorías, la que más aumentó del año pasado a este –en un 64%– fue la de “violencia contra la mujer”.

¿Qué nos dicen los datos de carpetas de investigación? Solo en el mes de marzo, el número de investigaciones penales abiertas por el delito de violencia familiar en las fiscalías estatales ascendió a 20,232. Se abrieron, en promedio, 27 carpetas de investigación por hora. Son 2,438 más que las que se abrieron en febrero (un aumento en la tasa del 14%) y 4,381 más que las que se abrieron en enero de este año (un aumento en la tasa del 27%). Si se compara marzo de este año, con el de los últimos cinco años también hay un claro aumento. En marzo del año pasado, por ejemplo, se abrieron 16,397 investigaciones penales por violencia familiar. Es una diferencia de 3,835 carpetas (un aumento del 17% en la tasa).

De hecho, si se analiza cada uno de los meses desde 2015 –que es cuando se empezó a registrar este delito–, el mes de marzo de 2020 tiene la tasa más alta de apertura de investigaciones penales por el delito de violencia familiar. Lo increíble es que hubo un aumento a pesar de lo que distintas activistas y organizaciones han estado denunciando: que las mujeres están siendo rechazadas de las fiscalías cuando acuden a denunciar.

Dado que los datos llegan hasta el 31 de marzo, es difícil, por supuesto, atribuir el aumento a la política de quedarse en casa, que se implementó formalmente el 24 de marzo. Y para saber qué pasó en el mes de abril tendremos que esperar hasta el 20 de mayo, que es cuando el Secretariado Ejecutivo actualiza la información. Con la hasta ahora disponible, sin embargo, lo que no se puede afirmar es que las llamadas al 911 o las carpetas abiertas en las fiscalías relacionadas con la violencia familiar, en marzo, se quedaron igual. Sí aumentaron. Sí es un problema que se tiene que atender. La pregunta es cómo lo van a hacer.

2) La violencia en la familia es común

Lo que preocupa, sin embargo, no es solo el aparente desconocimiento de estos datos por parte del presidente, sino incluso su exaltación de la familia y su “fraternidad”. ¿Por qué? Porque la información existente en el país revela que la violencia familiar no es, realmente, excepcional. Sí: hay familias amorosas. Pero son millones las que no lo son también. Por eso una de las batallas básicas de las feministas ha sido, precisamente, la de desmontar el mito de la seguridad familiar y visibilizar la violencia que ahí ocurre.

Para dimensionarlo: de acuerdo con datos de la ENDIREH (2016), en México, el 44% de las mujeres mayores de 15 años han vivido al menos un incidente de violencia a lo largo de su última relación de pareja.4 ¡44%! Casi una de cada dos. El 40.1% reportó haber vivido violencia emocional, el 20.9% violencia económica, el 17.9% violencia física y el 6.5% violencia sexual. Estamos hablando de millones de mujeres. ¿Cómo calificar a esta violencia de excepcional?

De hecho, las agresiones experimentadas dentro de este contexto, superan a aquellas registradas en otros ámbitos. Por ejemplo, de las mujeres que reportaron haber contado con algún grado de educación, el 25.3% declaró haber vivido algún tipo de agresión durante su vida escolar; de aquellas que reportaron haber formado parte del mercado laboral, en algún punto de su vida, el 16.5% dijo haber experimentado al menos un incidente de violencia dentro de su lugar de trabajo.5 La familia, en otras palabras, al menos para las mujeres, parece ser el “núcleo” en el que se vive más violencia, no menos. Ese soñado espacio de “fraternidad”, para millones, insistimos, no es tal.

Ahora: el presidente tiene razón en el hecho de que la violencia familiar rara vez se denuncia (de las que vivieron violencia en la pareja, según la ENDIREH, el 78.6% no pidió apoyo a ninguna institución, ni presentó una queja o denuncia). A pesar de ello, desde 2016, el delito de violencia familiar es el segundo con más investigaciones penales abiertas en el país. El único delito que tiene más carpetas abiertas es el de robo. De ese tamaño es el problema, con todo y la cifra negra.

A todo esto hay que agregar, además, los asesinatos que ocurren en casa.6 Las Estadísticas de Mortalidad del INEGI, indican que, entre el 2000 y el 2018, del total de mujeres víctimas de homicidio, a 3 de cada 10 las asesinaron dentro de sus propios hogares (a los hombres, solo a 1 de cada 10 los asesinaron ahí). En el caso de las mujeres mayores de 65 años asesinadas, en este periodo de tiempo, a 6 de cada 10 las mataron en su casa. Para ellas la casa es el espacio de mayor riesgo.

Si bien en la mayoría de los casos no se registra si los homicidios ocurrieron o no en un contexto de violencia familiar, cuando sí se registra, el 57% de los asesinatos de las mujeres sí ocurrieron en un contexto de violencia familiar, mientras que en hombres estos disminuyen a 16%.7 De igual manera, en los pocos casos en los que se registró un vínculo de parentesco entre la víctima y su presunto agresor,8 en mujeres en el 50% de los casos quienes las asesinaron —todo indica— fueron sus propias parejas. En contraste, las parejas de los hombres no alcanzan ni el 1% como responsables de estos asesinatos.9

Los datos también revelan que, pese a los esfuerzos que en décadas recientes se han hecho por disminuir la violencia en casa, los homicidios en la vivienda simplemente no se han logrado reducir. El problema persiste. No sabemos si estos homicidios han aumentado durante la pandemia, esto es cierto. Y no lo sabremos sino hasta finales del 2021 que es cuando el INEGI publicará los datos del 2020. Lo que sí podemos afirmar es que si era una preocupación antes de la pandemia y el confinamiento, nuestros esfuerzos por reducirlos no solo no deben parar, sino que se deben redoblar.

3) ¿“Fraternidad” o trabajo no remunerado?

El Presidente insistió que en las familias mexicanas hay mucha “fraternidad”. Es difícil saber exactamente a qué se refiere con fraternidad, pero podemos suponer que, al menos parcialmente, su aseveración se relaciona con los cuidados que se proporcionan al interior de las familias. Lo que omite especificar es quiénes dentro de las familias son “fraternas” con los demás integrantes. Y no, el femenino no es gratuito.

Para todos los indicadores10 que tenemos disponibles sobre trabajo doméstico no remunerado, así como trabajo de cuidados, existe una brecha considerable entre hombres y mujeres. Son las mujeres quienes en promedio invierten más horas para realizar trabajo del hogar, cuidados de menores y cuidados de personas mayores, con enfermedad o con discapacidad; todos, por supuesto, sin pago. El porcentaje de mujeres que realiza dichos trabajos es también considerablemente mayor al de los hombres, para todos los rangos de edad, y el tiempo que le dedican casi triplica al de ellos.

Para dimensionarlo: mientras que las mujeres y niñas, en promedio, reportan realizar 48 horas de trabajo no remunerado a la semana, los hombres reportan 19. La diferencia es prácticamente de 29 horas. Cuando este trabajo se desagrega por tipo de labores, donde existe más disparidad es en los quehaceres domésticos –cocinar, planchar, limpiar–, en las que las mujeres invierten 25 horas a la semana en promedio contra 10 horas invertidas por los hombres. Es decir: dos veces y media lo que ellos.

Es en el cuidado de personas con alguna enfermedad, mayores de 60 años o con alguna discapacidad en donde la cancha está más pareja: las mujeres mexicanas, en promedio, dedican 35 horas a la semana —más o menos cinco horas al día— a este fin. Los hombres, por otro lado, dedican casi 24 —menos de tres horas y media por día—. La brecha semanal es de 11 horas y media. En cambio, cuando de cuidar a niñas, niños y adolescentes se trata, la diferencia crece considerablemente otra vez: mientras que las mujeres dedican casi 50 horas a la semana a esta actividad —lo que equivale a más de una jornada laboral de ocho horas, seis días a la semana—, los hombres solamente dedican 25. Dicho de otro modo: las mujeres en México invierten el doble del tiempo de manera semanal que los hombres a proporcionar cuidados de menores.

Pero eso no es todo. Siete de cada diez niñas y casi ocho de cada diez mujeres adolescentes en México realizan algún tipo de trabajo no remunerado dentro del hogar, mientras que en los niños y los adolescentes solamente son cinco de cada diez. Paradójicamente es en esos rangos de edad donde la brecha es más pequeña. Según los datos del INEGI, únicamente 58 de cada 100 hombres de entre 55 y 64 años realizan labores domésticas no pagadas, mientras que para las mujeres son 94 de cada 100. La diferencia es de 36 puntos porcentuales.

El porcentaje de hombres que realiza trabajo no remunerado dentro del hogar nunca supera los 64 puntos. ¿Y quiénes cargan con la responsabilidad de realizar el trabajo doméstico que permite a esos hombres vivir y trabajar? Los datos sugieren que las mujeres: 85 de cada 100 mujeres de entre 18 y 24 años —contra 52 hombres—, 92 de cada 100 de entre 25 y 34 años —contra 61 hombres—, 95 de cada 100 de entre 35 y 44 años —contra 63 hombres— y 95 de cada 100 mujeres de entre 45 y 54 años —contra 61 hombres— reportan realizar este tipo de trabajo.

Y es trabajo que, al menos para las mujeres, nunca para. En el caso de las personas mayores de 65 años, a quienes el presidente comúnmente hace referencia, solamente dos de cada diez mujeres en ese rango etario reportan no realizar trabajo no remunerado, contra cinco de cada diez hombres. Esto nos muestra no solamente una clara diferencia entre quiénes, efectivamente, llevan a cabo las labores domésticas, sino también entre quiénes pueden decidir no hacerlas.

Lo que nos sugiere toda esta información es que eso que el presidente llama “fraternidad”, muchas veces es en realidad trabajo no pagado de niñas, adolescentes y mujeres mexicanas. Un trabajo que sistemáticamente se invisibiliza y minimiza, salvo —parece— cuando se trata de exaltar a “la familia”. La misma “familia” que, como vimos, no duda en denigrar y humillar a estas mujeres. Más que alabar esta realidad, hay que luchar porque cambie. Las mujeres no pueden esperar más. No merecen esperar más.

* Adriana E. Ortega (@adriananana_) es analista de datos de Intersecta, Nicole Huete (@NicHuete) es analista de políticas públicas de Intersecta y Estefanía Vela (@samnbk) es Directora Ejecutiva de Intersecta.


1 El intercambio puede encontrarse a la hora 2:25:38 de la conferencia matutina, misma que está disponible en línea. También puede leerse en la versión estenográfica de la conferencia.

2 Los datos por desgracia no están en formato abierto. Y es muy difícil ver la evolución de las llamadas a nivel de las entidades federativas a lo largo del tiempo. Sería ideal que esto cambiara y el Secretariado Ejecutivo liberara la base en formato de datos abiertos. El contexto lo amerita.

3 Si se comparan las cifras de marzo con las de enero y febrero de este año, puede verse un aumento en todas, sin excepción. Si se comparan las cifras de marzo de este año, con las de marzo de los últimos cinco años, también puede verse un aumento en todas las categorías, con excepción de la relacionada con “violencia en la pareja”, que bajó en comparación con del último año (pero como quiera, es importante decirlo, estamos hablando de 22,628 llamadas hechas en un solo mes). Para efectos de este texto, hemos sumado los seis tipos de llamadas.

4 La ENDIREH solo está diseñada para medir la violencia que viven las mujeres, no la que afecta a los hombres. Por esta razón, no sirve para comparar sus experiencias en lo que a la violencia en la pareja y familiar se refiere. La única encuesta que permite hacer un comparativo por sexo de las violencias perpetradas por familiares es la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública (ENVIPE), que mide la incidencia delictiva en personas adultas. Esta muestra que ciertos delitos, cuando son perpetrados por familiares, como es el caso de las amenazas, las lesiones y la violación, las víctimas son abrumantemente mujeres.

5 Estos datos pueden ser consultados en los tabulados de la ENDIREH 2016. Los tipos de violencia que se registran en los diferentes ámbitos son: emocional, física y sexual. Cabe señalar que en el ámbito de la pareja también se incluye la violencia patrimonial o económica.

6 Usamos el concepto de “homicidios” y “asesinatos” porque, actualmente, no es posible saber cuántos feminicidios hay en el país. La única información que tenemos es sobre el número de homicidios de mujeres que están siendo clasificados como feminicidios por las fiscalías al momento de iniciar una investigación penal, sin que quede claro por qué los clasifican así.

7 Entre 2003 y 2018, en el 95.6% de los homicidios de los hombres y en el 91.9% de los homicidios de las mujeres no se registró si hubo o no un contexto de violencia familiar.

8 Entre 2012 y 2017, en el 97.9% de los homicidios de los hombres y en el 95.1% de los homicidios de las mujeres no se registró si hubo o no un vínculo de parentesco entre la víctima y su presunto agresor; en el 0.6% de los casos de los hombres sí se registro un vínculo de parentesco, mientras que en las mujeres, se registró en el 3.6% de los casos.

9 Data Cívíca & Área de Derechos Sexuales y Reproductivos, Claves para entender y prevenir los asesinatos de las mujeres en México, 2019.

10 INEGI. Encuesta Intercensal 2015. Los datos se encuentran disponibles para consulta en el apartado Uso del tiempo del Atlas de Género.